La historia de las comunicaciones submarinas es un apasionante relato de innovación y adaptación. Desde los primeros cables telegráficos que cruzaron el Atlántico hasta las sofisticadas redes de fibra óptica que hoy en día conectan continentes enteros, la evolución de esta tecnología ha sido vertiginosa.
Los cables submarinos son la columna vertebral de Internet, transportando la inmensa mayoría del tráfico de datos a nivel mundial; su importancia estratégica es innegable, ya que cualquier interrupción en estos sistemas puede tener consecuencias significativas para la economía y la sociedad.
La fibra óptica ha revolucionado las comunicaciones submarinas, permitiendo velocidades de transmisión de datos inimaginables hace apenas unas décadas. Su capacidad para transmitir múltiples longitudes de onda de luz simultáneamente ha convertido a la fibra óptica en la tecnología de elección para los sistemas submarinos modernos.
Aunque no seamos conscientes estamos rodeados de cables, y es que en la década de los 90 se instalaron en España la mayor parte, y dado que la comunicación con fibra óptica es crítica, esta llega a ser redundante, para que si un cable se rompe no haya ningún problema y los datos puedan ir por otro lugar. Los cables son muy vulnerables, motivo por el cual están cubiertos de acero o kevlar, aún así debido a las grandes tensiones que sufren, pueden romperse, los 5 o 10 centímetros de diámetro de cable submarino se protegen en las zonas más cercanas a la costa o en zonas donde hay tráfico marino, se crean unas zanjas y se entierran; pero en alta mar simplemente se depositan sobre el lecho, por lo que redes de pescadores, anclas de barco, terremotos, corrientes marinas y sabotajes intencionados, pueden ser fatales para estos sistemas.
Recientemente escuchamos la noticia de que dos cables submarinos de fibra óptica se cortaron en el Mar Báltico, interrumpiendo comunicaciones entre Lituania, Suecia, Finlandia y Alemania, dejaron durante unas horas a estos países sin comunicación, y ya se han reparado, pero no es una tarea sencilla, para hacerlo no puede ser bajo el agua, unos robots sacan las dos puntas del cable cortado y en un barco especial se reparan y se vuelven a sumergir, con la consiguiente pérdida de tiempo y dinero.
Los cables submarinos, a pesar de su robustez y sofisticación, no son inmunes a las amenazas. Los incidentes recientes ponen de manifiesto la vulnerabilidad de esta infraestructura crítica y la necesidad de desarrollar estrategias más sólidas para protegerla. Si bien los intereses detrás de estos actos de sabotaje se nos escapan, queda claro que las comunicaciones submarinas se han convertido en un objetivo estratégico de primer orden.
Como curiosidad, en la página web https://www.submarinecablemap.com/ podemos ver los cables submarinos que hay en todo el mundo.
