La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en la realidad que transforma nuestro presente.
Más allá de generar textos e imágenes, la IA está infiltrándose en cada rincón de nuestras vidas, revolucionando industrias y redefiniendo la forma en que interactuamos con el mundo.
Sus aplicaciones son muy diversas, y su impacto en la sociedad es cada vez mayor. Los ingenieros de telecomunicación, con sus habilidades únicas, están llamados a desempeñar un papel clave en la configuración del futuro de la IA.
En el ámbito de investigación científica, por ejemplo, por su complejidad de aplicación, la inteligencia artificial está siendo de gran ayuda: en el caso de la secuenciación del genoma, detectando así mutaciones y enfermedades de manera precoz; hacen falta cantidades ingentes de datos y un procesamiento que para un ser un humano es muy complejo y que llevaría una gran cantidad tiempo, con la IA lo tenemos resuelto de manera sencilla y ágil.
En medicina, en el análisis de imágenes médicas es digno de elogio, y aunque sin entrar en competencia con los magníficos profesionales que se encargan de estos cometidos en la actualidad, es una manera de sumar, los diagnósticos de cáncer con técnicas de IA arrojan resultados muy esperanzadores, pues en la prevención está buena parte de la solución a esta enfermedad que cada día vemos más en nuestra sociedad.
En la farmacia, viendo como un medicamento va a interferir, los efectos secundarios de un fármaco en determinados pacientes, la IA es capaz de detectar y predecir a unos niveles que de manera humana se nos escaparía.
La climatología necesita de muchos datos para su estudio, con la IA se hacen mejores predicciones de tiempo, podemos estar alertados en caso de inundaciones y otros desastres naturales de una manera muy fácil.
La repetición de patrones tiene usos en muchos ámbitos, un ejemplo muy claro es la detección de fraudes, detectar transacciones financieras sospechosas, al menos alertar posible actividad delictiva.
En la industria, con sensores de vibraciones que avisan de manera predictiva que una maquina se está desgastando y necesita un mantenimiento, que de otra manera pasaría desapercibido para un humano.
La conducción autónoma también es inteligencia artificial, requiere de muchos algoritmos y sensores; sin duda es una conducción que tiene mucha más información de la que puede captar un ojo humano, no sólo con cámaras, sino con radares y pueden controlar las medidas de los obstáculos… todo son ventajas, pero hay que tener claro que tiene que haber un botón, algo físico que esté fuera del control de la IA para poder apagarla y no llegar a un futuro apocalíptico como hemos visto en muchos películas.
Mirando hacia nuestra comunidad, en Aragón es muy importante su uso en agricultura de precisión, controlando los recursos como el agua, los fertilizantes a través de sensores o drones para que sea más eficiente.
En turismo ya se están utilizando experiencias de inteligencia artificial para mejorar la experiencia de visitantes, con asistentes virtuales que interaccionan con los turistas haciendo su experiencia muy completa y diferente.
En la industria y la logística en Aragón se está utilizando para optimizar las rutas de transporte.
Y por último en la energía, se está optimizando con la IA el uso de los aerogeneradores que pueblan nuestra comunidad.
La IA continúa evolucionando a un ritmo acelerado, y se espera que en el futuro veamos aplicaciones aún más innovadoras y disruptivas; para ello es fundamental que los ingenieros de telecomunicación sigan a la vanguardia de esta tecnología para garantizar un desarrollo sostenible y beneficioso para la sociedad.
